s09f44Juan 17:14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Las ballenas son uno de los animales más grandes del planeta, y navegan con gran facilidad en los grandes océanos, pero siempre enfrentan un peligro, cuando bien sea porque las fuertes olas los avientan hasta la orilla, o en el caso de la ballena orca, que buscando cazar a los leones marinos, se acerca peligrosamente a la orilla. Sea cual sea el caso, el peligro que corren las ballenas es la de quedar encallados en las orillas de las playas, y una vez que una ballena queda encallada, se vuelve totalmente inservible, no se puede mover, no puede respirar, por sus medios es imposible que vuelva al mar nuevamente, y lamentablemente su muerte es casi segura, una vez que quedan encallados en la orilla de las playas. Y ese evento es la que ha llevado a la muerte a más ballenas que cualquier otra cosa, muchas veces pueden morir hasta 500 ballenas en una sola encallada.

Así, o más  peligroso es, cuando un cristiano queda encallado en las cosas de este mundo. No por casualidad el Señor Jesús por medio de su palabra nos advierte en diversos textos a que no amemos al mundo, a que no nos hagamos amigo del mundo, y nos enfatiza con firmeza que los cristianos no somos del mundo.

Varamiento-de-ballenas-11 Juan 2:15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.

Santiago 4:4 ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

Juan 17:16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Así como las ballenas, no son de las orillas y cada vez que paran en una orilla, su muerte casi es segura, así también la Biblia nos deja bien claro, que los cristianos no somos del mundo. Y cada vez que encallemos en este mundo pecador, y lleno de pensamientos y hechos que ofenden a Dios, terminaremos muriendo, así como el mundo sin Dios está muriendo cada día.

Amados hermanos(a) entendamos que Dios nos insta a alejarnos del mundo, no del mundo físico, ni del planeta, eso sería imposible, pero sí de los pecados que se practican en este mundo, si de la vanidad y el afán que vive este mundo, y eso si es posible, y por eso Cristo nos lo demanda. La acción de vivir separados  y lejos del mundo, se llama: SANTIDAD, y esa es la vida que Dios pide de sus hijos.  Alejémonos de las orillas del pecado, alejémonos de las tentaciones, que nos pueden llevar al pecado. Dejemos de ser como la orca que por tratar de cazar cosas en la orilla, muchas veces termina muriendo por ellas, por correr tan grande riesgo.

Así el día de hoy, hay mucha gente que se creen cristianos, pero están encallados en los pecados del mundo, se acercaron tanto al pecado y a la tentación, pensando que nada malo les pasaría, y hoy están envueltos en una maraña de pecado, sin saber si les alcanzara el tiempo para salir.

Es tiempo de reflexionar, es tiempo de madurar, es hora de ser salvos de verdad, es hora de entender la palabra de Dios, que no hace otra cosa, cada vez que la leemos, de alertarnos ante el pecado y sus engaños. Dios nos dejó una biblia para evitar, que quedemos encallados en el pecado, y si hoy estamos en esa condición, es porque hemos ignorado las escrituras, y hasta que no vengamos al arrepentimiento, confesemos nuestros pecados ante el Señor, le pidamos perdón, y empecemos una vida santa sometida a la obediencia a la palabra de Dios. Difícilmente podremos evitar encallarnos nuevamente en el pecado, como les pasa a las ballenas. Pero si atendemos la voz de Dios, y la atesoramos cada día en nuestros corazones, viviremos en el medio del océano de la santidad, en donde podemos nadar en la verdad, sin preocupaciones, porque estaremos muy lejos de las orillas del pecado y del estancamiento espiritual. David Durelia

1 Juan 2:16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.

1 Juan 2:17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.